Jardines del Botánico. Madrid. España. 11 de julio de 2019

Michael Bolton en directo en los Jardines del Botánico. Madrid, España. 11 de julio de 2019.

No hay otra forma de decirlo: los he visto mejores. A pesar de estar a 36 grados centígrados y de ser un obseso del gimnasio y de la dieta sana, el señor Bolton no nos quiso mostrar sus bien conocidas camisetas ajustadas en la segunda mitad del concierto, si no que todo el tiempo tuvo puesta una chaqueta. La primera demasiado ajustada para mi gusto y la segunda, plateada, bastante bonita.

Vista del escenario

Después de terminar de actuar su telonera (cuyo nombre no puedo repetir aquí, porque no tengo ni idea de quién era -aunque parece que ha estado al menos otra vez en los conciertos del Botánico-) tuvimos que esperar media hora más para escuchar a Michael Bolton y su banda (que por cierto estuvo muy correcta, como siempre). Este detalle me parece de poco gusto e irrespetuoso con el público.

Michael parecía bastante ido. No sé si sería cansancio, que estuviese enfermo o qué, pero lo cierto es que la noche anterior había publicado una foto en la Plaza de Mayor en la que se le veía pletórico y que nos hizo prever una velada maravillosa, pero al final no fue para tanto.

El tiempo de descanso entre la primera y segunda partes del concierto fue más largo de lo habitual. Jason Peterson DeLaire (saxo, teclados y voces) fue el encargado de encabezar el tema que la banda entera tocó mientras esperábamos esa supuesta camiseta ceñida de Michael que nunca llegó. Luego una de las cantantes interpretó temas hermosos que siempre hemos deseado volver a escuchar en un concierto de Bolton… pero cantados por él. Fue el caso de «That’s What Love Is All About», «Missing You Now»o «When I’m Back On My Feet Again».

Michael Bolton, interpretando su segunda canción de la noche

La aparición tras el cambio de vestuario con «When A Man Loves A Woman» fue la más descafeinada que he visto nunca. Apareció entre el público, sí, pero no le vi subido a ningún cajón (no se les veía ni a él ni al cajón, en realidad) y se retiró enseguida por el lateral izquierdo del escenario, en lugar de pasarse mucho más tiempo entre el público, dando la mano y posando para los vídeos que hacemos con nuestros móviles.

La retirada anterior pudo haber sido por razones de seguridad… pero el público asistente -que por cierto no llenó el recinto- no daba el perfil de ser unos fans histéricos, sino que era gente bastante madurita, sin perjuicio de algunos treintañeros.

Otro momento que me produjo hilaridad tuvo lugar cuando al comienzo de la segunda parte del espectáculo (cuando las canciones son más movidas y existe la costumbre de ponerse de pie y colocarse junto al escenario), una chica se quiso subir a una plataforma para hacerle una foto y enseguida saltó el supuesto guardaespaldas como si estuviese protegiendo a Justin Bieber en sus mejores tiempos. ¿Qué temerían, que le rompiese una cadera?. Excesivo e inadecuado.

En la segunda parte del concierto

El repertorio es prácticamente el mismo de siempre. La última vez que vi a Bolton en vivo fue con Kenny G en el Coliseu du Porto, en Portugal (precisamente el 12 de julio de 2011). Podemos decir que empezó con «Stand By Me» (del álbum de versiones -cómo no- «Songs Of Cinema») y nada más especialmente bueno. Mejor hubiera sido que cantase el dúo «I Will Always Love You», otro tema del mismo álbum. En cuanto a los cambios negativos, quitó «Summertime» (tal vez porque su voz no estaba en forma, ya que había momentos en que los demás cantantes le tapaban, y no es que la voz de Bolton sea precisamente débil, por eso es quien es). Con esta canción solía presentar a la banda, pero esta vez lo hizo directamente, sin solos musicales -como si hiciese falta el tiempo para irse ya a otra parte-. Pero lo que no me cabe en la cabeza es que no interpretase «Nessun Dorma». Sí, cantó otro tema medio operístico (digamos) «The Prayer», con una de sus vocalistas, pero ¿quitar Nessun Dorma?.

Otro momento que me lleva a pensar que había prisa es que no se colocaron todos en fila en el escenario, abrazados para saludar a la audiencia como siempre ha sido tradición. En total, con bis incluido (de sólo una canción: «Soul Provider») el concierto duró exactamente dos horas. Quince minutos más hubiera sido lo suyo, y yo he visto unos cuantos de éstos.

Por mi parte, y dado que me requisaron la cámara de fotos por no ser periodista, me limité a intentar conseguir algo de material con mi móvil (ver sección «Multimedia«) y sobre todo a cantar. Después de 30 años de seguir al señor Bolton, creo que me sé un poquito las letras de sus canciones :).

Por cierto, no vi a ningún periodista gráfico ni no gráfico tomando fotos cerca del escenario, y tampoco he encontrado de momento absolutamente ninguna mención al paso de Michael Bolton por la ciudad de Madrid en medio alguno.

Finalmente una mención a otro aspecto cutre: el puesto de merchandising. No admitían pago con tarjeta. De Michael había un montón de discos viejos, el DVD de su concierto en el Royal Albert Hall grabado hace diez años, su biografía, una camiseta ilustrada con una foto de Bolton tomada hace quince años y una taza. En fin, sin comentarios.

La joya de la corona en la sección de merchandising

Para cerrar considero que es mejor que una persona con una voz como la de Michael Bolton, pero ya con una cierta edad, no esté tirada por la carretera con el esfuerzo físico y mental que ello conlleva. Mejor sería que grabase discos de estudio que nos encantaría escuchar (de material inédito, para variar y por supuesto) y que hiciese apariciones en directo más relajadas, no en plan maratón. Pero está visto, y es costumbre actualmente entre los artistas, que no se componga nueva música. En lugar de ello, se dedican a hacer conciertos, que parece ser es lo que les da dinero. Crear es caro, y vivir de rentas (el último álbum de material original lo lanzó en 2009, ¡hace 10 años!) y de versiones de temas de otros, todo bajo la consigna del «I will never be poor again», no es para nada satisfactorio. Espero que el concierto de hoy, 13 de julio, en Oporto, esté más a la altura y la audiencia lo disfrute como se merece.

De camino al concierto en el tren rápido de Alvia. Ese día amanecí a las 4.30 horas y no me acosté hasta las 2.30 del día siguiente. Un exceso